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jueves, 30 de junio de 2011

POEMA XXXVIII

Dulce María Loynaz

Si dices una palabra más, me moriré de tu voz; me moriré de tu voz, que ya me está hincando el pecho, que puede traspasaRme el pecho como una aguda, larga y exquisita espada.
Si dices una palabra más con esa voz tuya de acero, de filo y de muerte; con esa voz que es como una cosa tangible que yo podría acariciar, estrujar, morder; si dices una palaba más con esa voz que me pones de punta en el pecho, yo caería atravesada, muerta por una espada invisible, dueña del camino más recto a mi corazón.

POEMA XXXIX

Dulce María Loynaz

Ven, ven ahora, que quizá no sea demasiado tarde todavía.
Ven pronto, que quién sabe si no se ha perdido todo; ven; y si fuera tiempo...
¿Y si la vida quiso esperar un minuto más?...
Ven, por piedad; no escuches al que ha hablado de muerte, no rompas tu cántara vacía, no mires a la sombra que se ha hecho... Cierra los ojos y corre, corre, a ver si puedes llegar más pronto que la noche.

DESEO

Dulce María Loynaz

Que la vida no vaya más allá de tus brazos.
Que yo pueda caber con mi verso en tus brazos,
que tus brazos me ciñan entera y temblorosa
sin que afuera se queden ni mi sol ni mi sombra...


Que me sean tus brazos horizonte y camino,
camino breve, y único horizonte de carne:
que la vida no vaya más allá... ¡Que la muerte
se parezca a esta muerte caliente de tus brazos!...






Dulce María Loynaz (La Habana, 1902-1997), fue Presidenta de la Academia Cubana de la Lengua y miembro correspondiente de la Real Academia Española de la Lengua. En 1992 mereció, por su singular obra poética, el Premio Cervantes.

«La poesía cubana actual muestra la variedad de su poder en maestros y jóvenes: Lezama Lima, que ha hecho escuela, y Dulce María Loynaz.»